El montañista, historiador e investigador francés analiza el lugar que ocupa la Cordillera de los Andes en la historia del montañismo, advierte sobre el acelerado retroceso de los glaciares y plantea la necesidad de adoptar políticas globales más decididas para enfrentar el cambio climático. A partir de décadas de exploración y trabajo en terreno, reflexiona sobre uno de los mayores desafíos ambientales del siglo XXI.
Montañista, historiador e investigador, ha dedicado gran parte de su trayectoria a explorar las principales cordilleras del mundo y a estudiar la historia del alpinismo y de los glaciares. Su expedición al volcán Ojos del Salado, realizada en 2007, alcanzó notoriedad internacional al buscar establecer cuál era la cumbre más alta de América, generando un amplio debate en la comunidad científica y montañista.
Profundo conocedor de la Cordillera de los Andes y de su patrimonio natural, Turrel también ha participado en investigaciones glaciológicas que evidencian el acelerado retroceso de los hielos andinos. En esta entrevista reflexiona sobre el papel de Chile en la historia del montañismo, los efectos visibles del cambio climático y las acciones que, a su juicio, los países deben asumir con urgencia para proteger los glaciares, una de las reservas estratégicas de agua dulce más importantes del planeta.
Usted ha recorrido montañas en distintos lugares del mundo. ¿Cuáles han sido las experiencias que más han marcado su vida como montañista?
La expedición que organicé al volcán Ojos del Salado en 2007 que buscaba determinar cuál era la cumbre más alta de América: ¿el Aconcagua, el Nevado Pissis o el Ojos del Salado? No fue casual organizarla en 2007, en el marco de los 500 años desde que el nombre de Américo Vespucio designó al Nuevo Mundo en 1507. Fue, además, la expedición más cubierta por la prensa internacional especializada en montaña ese año, por la expectación que generó durante meses la incertidumbre sobre si el Aconcagua dejaría de ser la cumbre más alta de América y las posibles consecuencias para la historia del montañismo internacional
Después de conocer grandes cordilleras, ¿qué lugar ocupa Chile y la Cordillera de los Andes en la historia de la montaña?
Hay que subrayar que las exploraciones y ascensiones en Chile fueron bastante tardías. No tuvimos la suerte de contar con un Humboldt o un Whymper, quienes realizaron notables ascensiones en el Chimborazo (Ecuador), considerado entonces como la montaña más alta del mundo. En los Andes Centrales, más allá del Tupungato, el Maipo o el Plomo y de los pioneros de la exploración andina como Darwin, Domeyko, Pissis, Güssfeldt, Poëpig, Penck, Steffen, Philippi, San Roman, Reichert y Helbling, no fue hasta los años 1920 que se registraron los primeros ascensos a muchas cumbres andinas. Fue en 1953 cuando se organizaron las primeras expediciones científicas y glaciológicas a grandes glaciares como el Juncal y los Olivares. Como ocurrió en otras montañas del mundo, fueron ingleses, suizos, alemanes, italianos, polacos y franceses quienes fueron los pioneros del alpinismo en los Andes, es decir, los precursores del andinismo deportivo y científico.
Como testigo directo de la alta montaña, ¿qué cambios ha observado en los glaciares?
Un retroceso considerable de los glaciares. En los Andes centrales, frente a Santiago, el glaciar Olivares que fue fotografiado por el cientifico Louis Lliboutry en 1953, ha perdido el 65% de su masa glaciar en 60 años. Eso lo comprobamos a raiz de una misión a la cual participé en 2019 con la Unidad de Glaciologia y Nieves de la DGA (Dirección General de Aguas) para la publicación de mi libro sobre Louis Lliboutry, el hombre que descifró los glaciares. Es la velocidad del retroceso de los glaciares en las últimas décadas que es alarmante. Una gran parte de los glaciares que vieron los pioneros del andinismo en los Andes, desde los Nevados de Colombia hasta las montañas de Chile, ya no existen o se han reducido considerabemente.
Los casos más dramáticos son los glaciares pequeños o los que estan ubicados a menos de 4500 m de altura. Estan muy amenazados y totalmente desequilibrados por los cambios climáticos.
¿Estamos haciendo lo suficiente para proteger estos ecosistemas? ¿Qué falta por avanzar?
Hace veinte años registrábamos un aumento de la temperatura de 0,33 °C por década; hoy ese fenómeno se ha intensificado. Si no cambiamos la tendencia, para 2100, y tal vez antes, podríamos enfrentar un incremento de entre 4 y 5 °C, lo cual sería enorme y volvería inhabitables amplias zonas del planeta.
Los glaciólogos señalan que la concentración de CO2 en la atmósfera es la más alta en 800 000 años; otros estudios indican que niveles comparables no se veían desde hace unos 3 millones de años, cuando las temperaturas eran alrededor de 3 °C superiores a las actuales. Lamentablemente, las naciones industrializadas no han asumido compromisos suficientes contra el calentamiento global y las olas de calor que azotan Europa y Estados Unidos actualmente son las consecuencias de esta inacción climática, porque ya estamos viviendo condiciones habitables extremas.
Desde su experiencia internacional, ¿qué medidas deberían tomar los países para enfrentar el retroceso de los glaciares y el calentamiento global?
Primero, existe una contradicción en la transición energética: exige mayor producción de cobre y litio, pero a menudo se hace a costa de la protección de glaciares y zonas periglaciares en los Andes, como muestra la flexibilización de la ley de glaciares en Argentina.
Los Acuerdos de Ecuador sobre banca responsable son un avance, pero no bastan. Hacen falta marcos legales vinculantes y contundentes que protejan los glaciares y reduzcan las emisiones derivadas de los combustibles fósiles.
En vez de generar conflictos como en Irán o Ucrania, deberíamos declarar una “guerra” contra el calentamiento global: está en juego la supervivencia del hombre en el planeta.
En este sentido, es muy adecuado el testimonio visionario del pionero de la glaciología moderna de montaña, Louis Lliboutry que decía: “Hacer patria hoy, es proteger a la naturaleza. Los glaciares de los Andes centrales y patagónicos constituyen uno de los más soberbios patrimonios naturales de la humanidad, uno de los pocos aún no echados a perder por el Hombre para satisfacer sus intereses inmediatos. El mantenimiento de este patrimonio incumbe a Chile y Argentina, pero la Humanidad entera y las futuras generaciones son y serán sus beneficiarios.”




















Los intereses geopoliticos que conspiran contra la reconversion energética a favor de las fuentes de energía renovables, abortan también las acciones dirigidas a frenar el calentamiento global, como sucedió el pasado noviembre en la COP 30. El petrodolar es todavía muy fuerte y la ONU está ahora en crisis.